Soy argentino, nací en Buenos Aires, tengo 48 años y mi profesión es la de aviador. Desde hace una semana estoy oculto en la selva africana. Esta es mi historia.
Hace un tiempo se acercaron unas personas con acento extranjero a contratarme para que lleve en un avión privado un cargamento "muy valioso", así dijeron, a un país ubicado en el Este de Africa (sólo me enteraría del destino exacto una vez que estuviera a menos de una hora de arribar, momento en el cual me iban a avisar las coordenadas definitivas por la radio). Me pagarían muy buen dinero así que no hice muchas preguntas, pero el aspecto que tenían me debió haber llevado a sospechar que había algo raro en ese viaje (ver la foto de mis contratantes).
El hecho es que hace unos días me avisaron que el avión y el cargamento estaban listos y que tenía que partir de inmediato. En el apuro apenas alcancé a llevarme mi notebook y un disco duro en donde guardo toda la música que tengo, para amenizar el viaje. Mi único compañero en el avión sería un ruso de aspecto algo inquietante, que no hablaba palabra de castellano, así que con más razón llevé mi música ya que mucha conversación no habría en el viaje (ver la foto del ruso).
Pese al secreto que rodeaba a todo el encargo, fui tranquilo. No era la primera vez que transportaba cosas misteriosas a lugares lejanos y que me contrataba gente que no parecía amigable, ni sería, pensaba en aquel momento, ahora sé que tal vez no sea así, la última.
El viaje transcurrió bien hasta que cuando estábamos justo atravesando el mismo centro del continente africano se desató una tormenta muy fuerte. Seguir el vuelo en esas condiciones resultaba imposible, pero cuando hice amago de usar la radio para comunicarme con algún aeropuerto cercano y aterrizar de emergencia, el ruso rápidamente sacó un revolver y me apuntó a la cabeza, haciéndome entender, sin palabras, que el viaje tenía que continuar aún con el riesgo de la tormenta.
Como en ese momento tenía muy pocas ganas de morirme, aproveché un momento de turbulencia del avión para intentar sacarle la pistola al ruso. Empezó un forcejeo y una bala hizo impacto en la radio, destrozándola. Por suerte, la segunda bala fue a parar a la cabeza del ruso. Ahora podía aterrizar pero no tenía cómo comunicarme para pedir ayuda, así que comencé a descender buscando algún claro en la selva. Finalmente lo encontré, pero en el aterrizaje el avión sufrió daños que ahora hacen imposible que vuelva a volar, y no tengo ninguna manera de repararlo en el lugar donde estoy. Quedó medio tapado por los árboles, pero tengo que tratar de cubrirlo mejor para que no lo vean desde el aire.
Antes de bajar, tuve la curiosidad de saber cuál era la carga que transportaba. Lo que encontré no me sorprendió mucho: cajas y cajas de ametralladoras, granadas, pistolas automáticas, etc., seguramente destinadas a algún ejército africano en lucha con insurgentes, o a insurgentes que luchan contra algún ejército africano. Todo quedaba claro: pero también quedaba claro que ahora estaba en peligro, ya que seguramente los vendedores y/o los compradores no debían estar muy contentos de que yo hubiera decidido no seguir con el viaje, y en no mucho tiempo empezarían a buscarme.

Decidí entonces bajar del avión llevándome algunas armas, la notebook y el disco duro, una cámara de fotos que había traído conmigo y algunas provisiones que habíamos embarcado. Comencé a caminar con mucha precaución, ya que estaba en territorio completamente desconocido para mí, y luego de dos horas encontré, milagro, una choza abandonada (ver la foto), que tenía una cama, una mesa y dos sillas, una cocina a leña y algunas otras cosas útiles que algún viajero anterior había abandonado allí. Preferí no preguntarme demasiado si el viajero había decidido dejar el lugar voluntariamente o si su destino había sido otro, menos agradable, pero al menos no encontré ningún cadáver adentro del lugar, así que me dispuse a instalarme. Al poco tiempo encontré otra grata sorpresa: la choza tenía un generador eléctrico, así que podía usar mi notebook y mi disco duro, aliviando mi soledad con la música que había llevado.
Pero ahí no iban a terminar las buenas noticias: no me pregunten cómo, pero ahí, en el medio de la selva africana, tenía conexión a Internet!!! Las telecomunicaciones evidentemente están muy avanzadas, y cubren todo el planeta, pero no llegan usualmente a un lugar como aquel. De modo que pronto comencé a sospechar que tal vez había caído cerca de un sitio en el cual se había instalado alguna actividad que no era para nada propia de la selva y su entorno, y yo estaba usufructuando las ventajas de acceder a su red de comunicaciones.

En todo caso, por ahora me abstuve de intentar comprobar mi hipótesis, porque muy pronto mi atención se dirigió a otro lugar. A poco de llegar a la choza me di cuenta de que un sonido de fondo que había venido percibiendo desde mi arribo se hacía cada vez más nítido: el tom tom de los tambores de alguna tribu africana sonaba sin cesar, a una distancia que era incapaz de calcular, pero seguramente no muy lejana. Al otro día, caminando por la selva me di cuenta de que efectivamente estaban muy cerca, y no lucían muy amigables! (ver foto)
Las amenazas reales y potenciales se multiplicaban, y aún no sabía si cerca de donde me alojaba podía encontrar animales peligrosos, aunque éste era el menor de los peligros porque estaba bien armado y podía defenderme de ellos. No podría, sin embargo, resistir ni una visita de mis amigos traficantes de armas, ni de sus clientes, ni menos aún de los guerreros musicales.
Y así es que estoy aquí. Por ahora ni mis contratantes, ni sus compradores, ni los vecinos del tom tom, se han acercado a la choza. Por suerte encontré algunos frutos comestibles en las cercanías, cazo algunos animales pequeños, hay un río cerca cuya agua al menos hasta ahora ha probado ser potable, y paso buena parte del día escuchando música. Sin embargo, la soledad empezó a inquietarme, así como el constante temor a tener visitas no esperadas, por lo que decidí tratar de conectarme con el mundo a través de este blog, en donde voy a subir algunas músicas que me gustan, y que espero que le gusten a quienes entren a él. También espero que sea un lugar para cambiar opiniones sobre artistas, canciones, discos, recitales, etc. Eso sí, todo será muy ecléctico (ver las tapas de CDs que colgué en el blog como ilustración), puristas abstenerse, trataré de cubrir diversas expresiones de la música popular, y espero que en esa variedad cada uno pueda encontrar algo que despierte su interés.
La foto que encabeza este blog no es la mía y el nombre también es un seudónimo, por obvias razones, ya que de ahora en más trataré de mantener mi identidad oculta. Por varios meses al menos me quedaré aquí a la espera de que mis perseguidores no me encuentren. Mi único medio de comunicación con el mundo será a través de este blog. Me entero de las noticias de la Argentina a través de Internet; por suerte veo que por ahora está todo re tranquilo, espero que siga igual. A los amigos y mi familia, que ya han descubierto quien soy seguramente, les mando besos, abrazos y saludos, y quiero que sepan que dentro de todo estoy bien. Escribanme para contarme cómo andan ustedes. Al resto, a quienes no me conocen, les digo que si les gusta el blog, y su contenido, se lo recomienden a sus amigos. Y por favor, si ven a los muchachos de la foto de arriba nos les cuenten que saben que estoy vivo!